El modelo de sociedad capitalista que nos alumbra con lámparas humeadoras titilantes, propias de siglos pasados, nos compele a aceptar el juego de la libertad comercial y de empresa como eje fundamental que atraviesa todas las actividades productoras de bienes y servicios ofrecidos con fines de lícitos lucros.
El transporte interno de cargas, el transporte interprovincial de pasajeros , el transporte internacional de pasajeros y cargas, el transporte urbano de pasajeros, etc., son variantes de los servicios comerciales de transporte que son afectados de modo directo por los cambios operados en los costos y precios de este servicio de trascendental gravitación en la dinámica de la economía nacional, a tal punto que un alza en los precios del mismo, impacta de inmediato, de forma crítica, la frágil estabilidad de la economía doméstica.
El alza de los precios de los combustibles, es, del mismo modo, un argumento fundamental en las alzas del costo del transporte.
Ocurre, sin embargo, que las alzas en los precios de los negocios manejados por inversionistas fuertemente sustentados y respaldados por leyes y principios capitalistas, organizados sólidamente en Asociaciones Empresariales, como es el caso del transporte interprovincial de primera clase, el transporte de grandes cargas, el transporte marítimo y el transporte aéreo, suelen no sufrir la intervención de El Estado cuando precisan indexar los precios en función de los procesos inflacionarios, cualquiera que sea la causa inmediata que los determine.
Mas, el transporte de pasajeros urbanos, suele ser sometido a regulaciones impropias del sistema de economía liberal que para aquellos aplica, de tal manera que los dueños de pequeños negocios de transporte, dueños en su mayoría de una sola unidad de transporte, sea un minibús, autobús, carro, microbús, etc., suelen ser sometidos a graves presiones, militarmente impuestas, por cuenta de la administración de El Estado para evitar que trasladen sus costos a los precios del transporte que han de pagar sus usuarios, dado el impacto económico y social tan negativo que sus eventuales aumentos provocan en el desenvolvimiento cotidiano de la clase laboral y su mano de obra comercial.
Así es como la inflación de costos del servicio de transporte, al terminar destrozando las economías de estos pequeños emprendedores, quienes suelen acudir a protestas desacreditadas mediáticamente por voceros amarillistas del periodismo nacional, son perseguidos, estigmatizados y acusados ante la población, incautamente sorprendida por el poder de la publicidad malvada y desviacionista, de ser delincuentes abusadores y responsables de daños causados a su vez a las economías populares de todos los trabajadores que se demandan dichos servicios.
El Estado sustenta, mediante subvenciones especiales desorbitadas y corrompidas, los costos del transporte que ofrece a través de la Corporación Oficial "La ONSA", con un aporte adiccional por pasajero transportado que supera el precio mismo que se paga por los servicios ofrecidos por los pequeños empresarios dueños de un autobús.
Los comentaristas mediáticos, muchos de los cuales sólo son bulgares asalariados para decir lo que se les convoca a decir, así como las voces repetidoras de algunos voceros incapaces de sumar y restar números de más de dos cifras, -mucho menos multiplicarla o dividirla, ni siquiera utilizando los artilugios electrónicos modernos, harto fáciles-, repiten y repiten, continuamente toda clase de diatribas contra los transportistas de pasajeros, acusándolos falsamente de estafar a los desposeídos, cuando la verdad es que son utilizados como carne de cañón contra los intereses populares diesmados por la corrupción administrativa del Gobierno de El Estado.
La verdad, monda y lironda, es que si ese negocio del transporte urbano de pasajeros fuera un gran negocio en base a la inversión de capital implicada, el Gran Capital Nacional no lo pasaría por alto, pero lo cierto si es que no alcanza a ser, -por mucho-, minimamente rentable.
Si el servicio de "concho", fuera, como otrora lo fuera, un negocio claramente rentable, cualquier propietario de clase media, sería tentado a "sacarle unos pesos" a la renta de su carro, dedicándolo a dicho servicio, mas, la verdad es que ese servicio, no le asegura a ningún inversionista que los beneficios generados le permitirán, ahorrándo toda su producción durante su período de vida razonable, adquirir una unidad nueva, al cabo de los días del que se ha cumplido su ciclo de cuatro o cinco años. Sencillamente es imposible su reposición, inviable su inversión.
No ofrecemos estos números en detalle, por lo pesado de la interpretación del análisis, por tanto, irrelevante para este propósito informativo.
Los taxis y el concho, sólo alcanzan para un durísimo empleo de "búsqueda", que ha devenido en ejercerlo quienes no encuentran otra forma para "resolver", hecho este que convierte dicho servicio en un caldo de cultivo de desesperados tentados, a veces, a delinquir de distintas formas.
Así, en otros muchos casos, sus operadores son policías, militares, profesores, empleados públicos, empleados privados, estudiantes, etc., pro-activos, que aprovechan sus pausas reglamentarias para ajustar sus presupuestos familiares mediante el ejercicio del sudoroso, maltrecho y agobiante trabajo de chofer, generalmente ejercido durante largas horas del día y la noche.
Por otro lado, los autobuses medianos, tienen que trabajar desde doce hasta dieciseis horas, casi de corrido, para poder "cuadrar", lo que resulta en un sobre uso tal que a los cuatro años, están prácticamente inservibles, cuando ni siquiera han alcanzado a solventar los financiamientos en los que han incurrido sus propietarios para su regular obtención.
La cínica pregunta con la que suelen contestarse estas observaciones, hechas por los difamadores profesionales: "....y por qué no lo dejan, si no les da beneficio", le damos la respuestas de la misma forma, a los cínicos quienes la formulan: " por lo mismo que tú no metes tu carro a buscar esos cuantiosos beneficios que dices que ellos obtienen", o , muy bien: "si es tan buen negocio, tienes una oportunidad abierta para invertir en el mismo", pues resulta que lo cierto es que ese negocio, como hasta ahora viene operando, está basado en las brechas abiertas para colusiones conjuntas con algunos de sus operadores, libres de impuestos formales sobre la renta y sobre otras obligaciones, como exenciones, gracias, donaciones y permisividades extorsionadoras, que permiten el enriquecimiento rápido de algunos intermediarios y el chantaje político ejercido sobre otros mientras los auténticos operadores sindicalizados, resistentes a los chantajes y arreglos insanos, se baten al filo de la navaja entre la vida y la muerte de sus pequeños negocios.
Francamente, mientras El Estado no asuma la sinceridad de sus costos y la seriedad de las urgencias de sus compromisos obligados con ese servicio de trascendencia económica y popular, el servicio del transporte de pasajeros urbanos, no alcanza a ser saneado y sus operadores seguirán siendo víctimas del acoso mediático y gubernamental para ser expuestos como palo de picar frente a la población que sufre el engaño desinformativo
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